En un mundo en el que todos las empresas ofrecen productos similares, el único factor que permite diferenciarse es el precio. Si todos vendemos vasos de vidrio, literalmente iguales, ¿dónde va a comprar nuestro cliente? En aquel lugar en el que obtenga algo diferencial, en este caso el precio. Y comprará donde sea más barato.
Eso es un mal negocio para los que venden, porque su única posibilidad de vender pasa por reducir sus ganancias, y eso es algo que no nos suena tan bien como empresarios.
Pero cuando consigues posicionarte estratégicamente como el líder de tu mercado, como el experto, el «mejor», la percepción que se tiene de ti es que estás un escalón por encima de los demás, y por lo tanto, se acepta que si eres «mejor», es lógico que cobres más que cualquier oro de la competencia.
Posicionarte como experto te permite cobrar lo que te mereces y eliminar a tu competencia. Sólo existe un experto en ese mercado, y eres tú.