
Cómo hablar de lo que haces sin sonar a vendedor
En el evento Pasa la Acción, un chico se presentó como «facilitador de cambio que acompaña procesos de transformación desde un enfoque holístico e integrador». Silencio incómodo. Intentó explicarse cincuenta segundos más y nadie entendió nada. No por lo que hace, que será muy valioso, sino por cómo lo contó. Y eso tiene un coste enorme: si no sabes explicar lo que haces, nadie sabrá cómo recomendarte ni contratarte.
01 — Por qué cuesta tanto
Las dos capas del bloqueo y las etiquetas que no dicen nada
Hasta los perfiles con más experiencia se bloquean al hablar de lo que hacen, por dos capas de fondo. La emocional: el miedo a parecer demasiado vendedor o arrogante, mezclado con el síndrome del impostor, que hace que la gente se proteja con frases vagas y genéricas, perdiendo claridad y autoridad. Y la estratégica: la falta de enfoque, no haber definido qué problema resuelves ni a quién le hablas, así que cuando llega el «¿y tú a qué te dedicas?», es el caos.
De ahí salen los primeros estilos fallidos. La etiqueta vacía («soy coach», «soy consultor»): demasiado genérica, como un restaurante cuya carta solo dijera «comida»; coach hay de vida, de negocios, de salud, y si no das contexto, te pierden. El tecnicismo rimbombante: frases sofisticadas que ni tus colegas ni tu madre entienden, y la clave es esta, la gente no te compra porque suenes inteligente, te compra porque entiende que puedes ayudarle. Y la categoría de uno («arquitecta emocional», «activador del potencial humano»): por querer diferenciarte tanto, inventas un idioma que solo hablas tú, y te aíslas.
02 — Impresionar en vez de conectar
El menú del día y el pitch automático
Los otros dos estilos. El menú del día, favorito de los multipotenciales: «hago mentorías, doy formaciones, tengo un podcast, escribí un libro, lanzo un curso y asesoro emprendedores». Todo puede ser cierto, pero quien te escucha no sabe con qué quedarse; no hay idea-fuerza ni prioridad, y aunque tú veas coherencia interna, desde fuera suena a dispersión, y a quien suena disperso lo etiquetan de todólogo o confuso. Ser multipotencial no está mal, pero hay que priorizar aquello por lo que quieres ser reconocido.
Y el pitch automático: el guión de marketing aprendido («ayudo a mujeres emprendedoras a multiplicar su facturación con un sistema en tres fases») usado donde no toca. Funciona en una web de ventas o un anuncio, pero en una conversación real suena mecánico y ensayado, como si leyeras un guión, y si pareces estar vendiendo sin haber escuchado primero a la otra persona, ella levanta su escudo y piensa «a mí este que no me venda». Lo que tienen en común los cinco estilos: parten de buena intención, pero están pensados para impresionar o cubrir inseguridades, no para conectar, y acaban consiguiendo justo lo que querías evitar.
03 — Cómo hacerlo bien
Habla del problema, no de tu título, y menos es más
Para contarlo bien, sin sonar a vendedor: habla desde el problema que resuelves, no desde tu rol. En vez de «ayudo a desarrollar tu marca personal», di «trabajo con personas que saben mucho pero sienten que su mensaje no transmite todo lo que valen». Eso es emocionalmente reconocible y abre una conversación, no una venta. Usa ejemplos concretos en vez de definiciones abstractas, porque las historias conectan y se quedan: cuenta el caso de una clienta, no tu currículum.
Y tres claves más. Empieza por lo simple: menos es más, una frase clara basta, y si hay interés, ya te preguntarán «explícame más»; no des una charla TED en dos minutos, despierta curiosidad, no obligación. Habla desde el beneficio, no desde el título: la gente no busca «nutricionista deportiva», busca «comer mejor sin vivir a dieta». Y construye una frase que se adapte al contexto, no un pitch memorizado: ten claro el núcleo (a quién ayudas, qué problema resuelves, qué transformación ofreces) y ajústalo según hables en una cena, en tu bio o en una ponencia. El objetivo no es sonar perfecto, es sonar real, claro y relevante. Porque no basta con saber lo que haces: tienes que saber contarlo, y contarlo bien.
Lo que vas a hacer hoy
Reescribe cómo te presentas.
- Empieza por el problema: redacta tu presentación arrancando por el problema que resuelves, no por tu título.
- Hazla simple: deja una frase clara que invite a un «explícame más», sin contarlo todo de golpe.
- Pruébala: dila en una conversación real o grábala en audio, ajústala y hazla tuya.
Pasa a la Acción.
Para profesionales que quieren ser referente
Construye una marca personal que te abra puertas.
REFERENTE es la mentoría 1:1 donde diseñamos tu posicionamiento, tu narrativa y tu plan de contenido. Sin teoría: trabajo aplicado durante 6 meses para que dejes de ser uno más en tu campo.



