Portada del episodio ¿Tienes una marca personal o un empleo disfrazado?
Tu Marca Personal

Duración 22 min

¿Tienes una marca personal o un empleo disfrazado?

Eres agente inmobiliario, llevas doce años vendiendo pisos y por primera vez te tomas tres semanas de vacaciones seguidas, sin mirar el teléfono ni contestar llamadas. Cuando regresas y abres el correo, la cuenta es sencilla: cero. Ni una llamada nueva, ni un mensaje de alguien que no te conociera ya, ni una venta de algo que ya tenías hecho. Doce años de oficio y el negocio tiene memoria de pez: en cuanto te vas, se olvida de que existes.

01 — El diagnóstico

Un empleo se detiene cuando tú te detienes

La diferencia entre un empleo y una marca cabe en una frase: un empleo se detiene cuando tú te detienes, una marca sigue trabajando cuando tú no estás. Muchos autónomos creen que tienen lo segundo porque tienen logo, web y tarjetas bonitas, pero en realidad tienen lo primero: un empleo sin nómina fija ni vacaciones pagadas, con veinte jefes en vez de uno, que son sus clientes, y ninguno cotiza por ellos. Y hay gente en tu mismo sector, con menos años de carrera, con la misma normativa y la misma crisis, a la que le siguen escribiendo mientras está en la playa.

La primera prueba lo deja claro: si te paras tres semanas, ¿cuánto negocio nuevo entra? Si el número es cero, el arreglo tiene nombre: una pieza de fondo. Coge la pregunta que te repiten veinte veces al año —el agente inmobiliario la ha contestado ciento cincuenta mil veces en persona, siempre desde cero, con el mismo ejemplo y los mismos chistes— y respóndela una sola vez, bien hecha, grabada o escrita, con tu opinión dentro. Esa pieza sigue contestando a las tres de la mañana mientras tú estás fuera, y cuando regresas hay un correo esperándote: «he visto lo que escribiste, quisiera hablar contigo». Nos parece que lo que contestamos de memoria no tiene valor, pero vale exactamente lo que vale que te lo pregunten veinte veces al año.

02 — La guerra de precios

Si te comparan por precio, no te distinguen

La tercera prueba duele más: piensa en el último presupuesto que perdiste. No te fijes en la excusa educada, fíjate en la razón real. Si fue que el otro cobraba menos, tienes un empleo, porque cuando el mercado no ve diferencia entre tú y el de al lado, solo le queda una variable para decidir: el número. Bajar precios atrae clientes que solo buscan lo más barato y que se irán en cuanto otro baje un poco más. Es una escalera mecánica que siempre baja, y tú vas caminando en contra de la corriente intentando subir por ella.

El arreglo no es subir precios todavía: es cambiar la pregunta que te hace el cliente. De «¿cuánto cobras?», que se la puede hacer a cualquiera, a «¿tú podrías llevar casos como el mío?», que es la pregunta que se le hace a un especialista. El agente inmobiliario no vende «pisos en la zona norte»: vende «pisos heredados cuando hay varios herederos y hay prisa y no se ponen de acuerdo». Cuando llega una familia con ese problema exacto, ya no compara tarifas: compara quién es más resolutivo en eso, y ahí solo estás tú. Puedes cobrar más, sí, pero eso viene después; lo primero es que dejen de compararte.

Lo que vas a hacer hoy

No intentes arreglar las cuatro pruebas a la vez, arréglalas como quien arregla una casa: empiezas por donde entra el agua, no por la cocina y el tejado al mismo tiempo. Responde tus cuatro números —lo que entra si te paras tres semanas, quién te ha contactado sin conocerte, por qué perdiste tu último presupuesto y qué podrías traspasar si vendieras el negocio— y marca la que peor te ha salido.

  • Graba tu pieza de fondo: escribe la pregunta que más te repiten los clientes y respóndela una sola vez, bien hecha, con tu opinión dentro.
  • Define tu opción obvia: en vez de tu categoría general, di para qué caso concreto eres el especialista.
  • Ponle nombre a tu método: escribe en pasos lo que ya haces de memoria, aunque quede provisional.

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Luis Ramos
Luis Ramos Mentor de profesionales y emprendedores

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