Portada del episodio Actitud mental para ser tu mejor versión, con Mónica Galán Bravo
MENTOR360

Duración 22 min

Actitud mental para ser tu mejor versión, con Mónica Galán Bravo

Muchas veces somos nuestros peores enemigos, y el arma que usamos contra nosotros mismos es el lenguaje. «Soy un fracasado.» «En el amor nunca me va bien.» «Nunca tendré el negocio que quiero.» Cada vez que te dices algo así, no solo eres injusto contigo mismo —literalmente estás apagando parte de tu cerebro.

El «no puedo» desconecta neuronas

Carol Dweck, investigadora de la Universidad de Stanford, midió lo que ocurre cuando alguien se dice a sí mismo «no puedo»: gran parte de las neuronas implicadas en esa tarea dejan de funcionar. No es una metáfora —las conexiones sinápticas se interrumpen físicamente. Nos rendimos antes de intentarlo.

Dweck llama a esto mentalidad fija: la creencia de que las capacidades están determinadas y no cambian. Quien opera desde ahí rechaza los cambios (podrían exponer sus límites), evita el esfuerzo y toma el feedback como una amenaza. «No es quiénes creemos que somos, sino quiénes creemos que no somos lo que nos separa de nuestra mejor versión.»

La alternativa es la mentalidad de crecimiento. Aquí los errores son oportunidades de aprendizaje, el feedback es información valiosa —«un retrovisor que alguien te presta»— y el esfuerzo es lo que separa el resultado bueno del mediocre. Mónica Galán Bravo añade: incluso el cociente intelectual puede mejorar cuando adoptas esta mentalidad. La ciencia del cerebro plástico lo confirma.

La magia del «todavía»

El antídoto que propone Dweck es radical en su sencillez: sustituir «no puedo» por «todavía no puedo». Esas dos palabras extra no son un truco —reabren las conexiones neuronales. «Todavía no hablo inglés con fluidez» activa el cerebro de forma diferente que «no soy capaz de hablar inglés».

Dweck lo demostró con dos grupos de niños a los que se daban problemas difíciles de matemáticas. Al primero les decían: «¡Qué listos sois!». Al segundo: «¡Qué bien os habéis esforzado!». Resultado: los del primer grupo empezaron a evitar los retos difíciles —no fuera a ser que perdieran el estatus de «listos»—. Los del segundo querían más desafíos. Premiar el esfuerzo, no el talento, construye personas que quieren seguir aprendiendo.

Aplícalo a tu equipo, a tus hijos y a ti mismo: celebra el proceso. Reconoce el esfuerzo. Mide el camino, no solo el resultado. Y construye desde el «todavía» tu camino hacia una mejor versión de ti.

Tu decisión de hoy: identifica una frase de «no puedo» que se repite en tu diálogo interno. Escríbela. Luego escribe su versión «todavía»: «todavía no puedo [X], pero voy a intentarlo.» Practica la nueva versión durante esta semana y observa si cambia algo.

Dale al play — en la conversación, Mónica desarrolla el modelo de Dweck con más detalle y explica cómo aplicarlo también en la comunicación con tu equipo.

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Luis Ramos
Luis Ramos Mentor de profesionales y emprendedores

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