Portada del episodio El mito de tener que ser el que más sabe
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Duración 24 min

El mito de tener que ser el que más sabe

Estás en una reunión y aparece esa persona: la que sabe más que tú de lo tuyo. Suelta un dato que no conocías, menciona una herramienta de la que nunca habías oído hablar, y por dentro se activa la vocecilla. «¿Ves? No sabes lo suficiente. Todavía no estás listo.» Y entonces decides, sin decidirlo del todo, que vas a esperar. Que cuando hagas ese curso, cuando leas esos libros, entonces sí. Y ese entonces no llega nunca, porque siempre va a haber alguien que sepa más.

¿De dónde sale la creencia de que tienes que saberlo todo?

Este mito tiene tres patas bien identificadas:

  • El colegio: veinte años entrenado en la idea de que hay un examen, hay una respuesta correcta y tienes que sabértela toda antes del día D. Sales al mundo y aplicas la misma lógica. Pero la vida no es un examen y no hay un temario cerrado que puedas dominar del todo.
  • Internet: abres el teléfono y tienes gratis a la cúspide mundial de tu disciplina publicando contenido todos los días. Te comparas con el mejor del planeta y siempre sales perdiendo. Pero te estás comparando con la persona equivocada.
  • El miedo disfrazado de prudencia: «todavía me falta formación» suena a responsabilidad, no a inseguridad. Nadie te lo discute. Es el aplazamiento perfecto envuelto en papel de regalo.

Tu cliente no necesita al número uno del mundo. No se lo puede permitir y además ni lo conoce ni le tomaría la llamada. Tu cliente necesita a alguien accesible, que le inspire confianza y que sepa claramente más que él de ese tema. Eso, casi seguro, ya lo eres tú hoy.

¿Qué hace quien da el paso sin sentirse listo del todo?

Tres movimientos concretos para romper el mito:

  1. Define quién está un paso por detrás de ti. En vez de preguntarte si eres el mejor, pregúntate a quién puedes ayudar de verdad ahora mismo. Ponle cara. Una persona real con nombre que sabe menos que tú de tu tema y estaría encantada de aprender lo que tú ya sabes.
  2. Cambia la pregunta. Cada vez que pienses «me falta formación», detente y pregúntate: ¿sé lo suficiente para ayudar a esta persona con este problema concreto? Casi siempre la respuesta es sí. Si no, ya sabes exactamente qué aprender: algo concreto para un caso real, no para llenar un vacío que nunca se va a llenar.
  3. Lánzate con lo que tienes hoy. Esta semana ofrécete, ayuda a alguien real con un problema real. Pequeño y ya. Aprenderás más en esa primera experiencia que en los próximos seis meses de cursos guardados en una carpeta que nunca vas a abrir.

Cada mes de espera tiene un costo invisible. No te llega una factura, pero pagas igual: no estás ayudando a nadie, no estás cobrando y, lo más caro de todo, no estás practicando lo único que de verdad te haría mejor. La confianza no se construye estudiando en un cuarto. Se construye haciendo. Cuanto más esperas, más grande se hace el monstruo.

En el episodio desgloso las tres realidades que casi nadie te está diciendo —incluida la maldición del conocimiento y por qué a veces quien sabe menos explica mejor— y la frase que lo resume todo: el que más sabe del mundo no se lleva al cliente, se lo lleva el que da el paso.

Dale al play y llévate grabada esa idea para la próxima vez que la vocecilla te diga que todavía no estás listo.

Si este episodio te resuena, también te va a interesar ¿Hablas como experto o como empleado? y el episodio sobre cómo pedir sin encogerte. Los tres viven en el eje Mejor Tú.

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Luis Ramos
Luis Ramos Mentor de profesionales y emprendedores

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