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Duración 32 min

El Síndrome del Impostor

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Te crees un fraude. Que lo que has conseguido fue suerte y que en cualquier momento te van a pillar. Lo siente el 70 por ciento de la gente, incluida Michelle Obama. Y es justo lo que te frena para lanzar tu marca. Hoy no vamos a abrazarlo: vamos a bajarle el volumen con algo que casi nadie hace.

01 — Qué te frena de verdad

Te crees un fraude (y no te van a pillar)

El síndrome del impostor es esa vocecita que te dice que no perteneces aquí, que engañaste a todos y que es cuestión de tiempo que se note. No es una enfermedad, es muy humano, y lo tiene mucha más gente de la que crees: actores, presidentas de gobierno, gente que admiras. Se manifiesta de varias formas (el perfeccionista que nunca está satisfecho, el experto que necesita un título más, el que vive de la validación ajena), pero todas tienen el mismo fondo: no creerte lo que ya has conseguido.

Lo bueno es que se trabaja. No se elimina (siempre quedará un poso, y está bien), pero se le baja el volumen. Empieza por comparar el pensamiento con la realidad: ¿de verdad no tienes formación, experiencia ni resultados? Haz una lista de tus puntos fuertes y, al lado de cada uno, lo que te costó conseguirlo. Celebra tus éxitos en lugar de minimizarlos. Y deja de compararte con el de la medalla de oro: la única persona con la que tiene sentido medirte es tu yo de ayer. Ahí siempre ganas, y ese pequeño momentum es lo que te sostiene.

02 — La cursititis

Te preparas de más para no lanzarte

Aquí está la idea que de verdad mueve la aguja. Imagina una escalera de diez peldaños que representa cuánto sabes de algo. Estudias un mes de páginas web en YouTube y estás en un nivel 3 o 4. No eres un meteoro. Pero hazte la pregunta que casi nadie se hace: con un nivel 4, ¿a quién puedes ayudar ya? A todos los que están en el nivel 0, 1, 2 y 3. Que son muchísimos. No necesitan al mejor del mundo, te necesitan a ti, que sabes lo suficiente y resuelves rápido.

Lo que hace la mayoría es lo contrario: cursititis aguda. Un curso, y otro, y otro, huyendo del cliente porque se sienten inseguros. Y cuanto más te preparas sin practicar, más sube el síndrome del impostor, porque no tienes certeza de que tu trabajo funcione. Te lo planteo al revés: ¿a quién contratarías, al recién salido de la carrera con el título y cero clientes, o al que lleva cuatro años haciendo páginas web para 200 personas? Está clarísimo. Por eso el atajo real es este: cada vez que ayudas a alguien a conseguir un resultado, tu síndrome del impostor decrece. Mucho. Deja de comprar cursos y ponte a ayudar.

03 — El otro extremo

Pero saber no es hacer

Ahora, cuidado, que el balancín tiene otro lado. Existe el efecto Dunning-Kruger: gente con pocas habilidades que se cree mucho más competente de lo que es. Lees un libro, haces un curso por internet, y ya te crees que sabes. Y no: tienes conocimiento teórico, que no es lo mismo que saber hacer. Es el niño al que le dan medalla aunque quede el dieciocho; le mandamos el mensaje de que es mejor de lo que es.

Ni tanto ni tan calvo. En un extremo, el síndrome del impostor te dice que eres más malo que la peste. En el otro, el Dunning-Kruger te hace creer que eres la leche sin resultados que lo respalden. El sitio sano es el del medio, y a ese sitio se llega de una sola manera: haciendo. Ayudando a gente de verdad. El conocimiento que no pones en práctica no te da habilidad, solo te da más excusas para no lanzarte.

Lo que vas a hacer hoy

No vamos a esperar a que se te pase el miedo. Vamos a actuar mientras lo tienes.

  • Sitúate en la escalera: elige tu especialidad y ponte un número del 1 al 10. Luego apunta a quién, con ese nivel, ya podrías ayudar hoy. Hay más gente de la que crees.
  • Ayuda a una persona esta semana: ofrece a alguien de un nivel inferior al tuyo una solución concreta. No un curso más para ti: un resultado para otro.
  • Lista de pruebas: escribe tres puntos fuertes y el esfuerzo real que te costó cada uno. Léela cuando la vocecita diga que fue suerte.

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Luis Ramos
Luis Ramos Mentor de profesionales y emprendedores

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