Portada del episodio Fracasar Es… Bueno
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Duración 8 min

Fracasar Es… Bueno

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Fracasar es bueno. Lo has oído mil veces y suena a frase de taza motivacional. Pero hay una trampa: el fracaso no enseña solo. Te da las habilidades del siguiente nivel únicamente si haces una cosa que casi nadie hace. Hoy vemos cuál.

01 — El fracaso no enseña solo

Lo que separa al que aprende del que tropieza dos veces

Mira, la idea de que el fracaso es el camino al éxito es verdad, pero está a un paso de convertirse en postureo. Porque hay mucha gente que fracasa una y otra vez con la misma piedra y no aprende nada. Y es que el fracaso por sí solo no te da ninguna habilidad; lo que te la da es lo que haces con él después.

Fíjate en el detalle que casi todos se saltan. Lo normal es que algo te salga mal hace seis meses y solo hoy, con perspectiva, te des cuenta de que sin aquello no estarías donde estás. Bien. La pregunta es por qué esperar seis meses. La perspectiva no llega sola con el tiempo; llega cuando te paras a buscarla. El que la busca a los treinta segundos avanza; el que la deja para dentro de un año, repite.

02 — Te preocupa más la imagen que el resultado

Cruzas el río sin querer mojarte

Aquí está el matiz incómodo, y va contigo. Montamos negocios como si cruzáramos un río saltando de piedra en piedra, con un cuidado obsesivo de no resbalar. No por miedo a perder, sino por miedo a quedar mal si alguien nos ve caer al agua. Nos preocupa más la imagen que generamos que los resultados que producimos.

Y esa es la verdadera razón por la que repites errores. No es que el fracaso sea malo; es que lo escondes para que nadie lo vea, y un fracaso escondido no se examina. Lo que reprimes, lo que tapas, lo que ignoras porque te avergüenza, se te repite tal cual. Romantizar el fracaso no sirve de nada si tu reacción real, la honesta, sigue siendo disimular que pasó.

Lo que vas a hacer hoy

No te quedes con el titular bonito. Conviértelo en un protocolo que disparas cada vez que algo te sale mal.

  • Hazte las cuatro preguntas en caliente: la próxima vez que falles, antes de que pasen treinta segundos, párate y respóndete qué puedes aprender, qué beneficio sacas, qué habilidad tienes ahora que antes no, y cómo te acerca esto a donde vas. Sin ese examen, el fracaso es solo un golpe.
  • Saca a la luz el que escondes: piensa en ese error reciente que te dio vergüenza y preferiste tapar. Ese es justo el que tienes que mirar de frente, porque es el que se te va a repetir si no lo haces.
  • Decide qué cambias mañana: de esas respuestas, saca una sola acción concreta. El fracaso se vuelve habilidad cuando cambia lo que haces, no cuando lo aceptas con buena cara.

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Luis Ramos
Luis Ramos Mentor de profesionales y emprendedores

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