Portada del episodio Factfulness, Parte 2
Libros para Emprendedores

Resumen de libro

Factfulness, Parte 2

de Hans Rosling, Ola Rosling y Anna Rosling Rönnlund

Duración76 min
Año publicación2018
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La semana pasada vimos los cinco primeros instintos que te hacen ver el mundo peor de lo que está. Hoy rematamos Factfulness con los otros cinco, y te aviso de algo: estos me parecen todavía más jugosos para ti que emprendes, porque varios de estos sesgos no solo te confunden, te están tapando oportunidades de negocio delante de las narices.

01 — El sesgo que te oculta mercados

Dejar de generalizar te descubre negocios

El sexto instinto es el de la generalización: meter cosas distintas en el mismo saco. «Irán es un país fundamentalista y punto», cuando resulta que el 60 por ciento de sus universitarios son mujeres y es de los países con mejor visión de Occidente. Lo metemos todo en una categoría y nos quedamos tan anchos. Y aquí va el ejemplo que más me marcó, porque conecta directo con emprender. Si tú, desde tu país de nivel 4, metes a todos los países pobres en la misma bolsa, te pierdes esto: en los niveles 2 y 3 las familias están teniendo menos hijos, así que las mujeres pasan menos años embarazadas, así que menstrúan más, así que hay un mercado enorme y creciente de productos de higiene menstrual. Eso es una oportunidad de negocio que solo aparece cuando dejas de generalizar y bajas al dato concreto.

Esa es la idea que te llevas a tu negocio. La generalización te ciega para ver diferencias, y en las diferencias están los mercados. Te dejo una herramienta de oro que recomienda el propio libro: gapminder.org, y dentro la sección Dollar Street, donde ves fotos de familias reales de medio mundo ordenadas no por país ni religión, sino por nivel de ingreso. Verás que una familia de la India con tu mismo ingreso vive parecidísimo a ti. Eso te recoloca la cabeza. Y ojo, la generalización no solo te cuesta dinero: es también la raíz de los prejuicios y la discriminación, porque tratar a la gente como una masa informe es el primer paso para negarle su individualidad.

02 — El sesgo que entierra al futuro

Nada está condenado a quedarse como está

El séptimo instinto es el del destino: creer que las cosas son inmutables, que África siempre será pobre, que cada cultura está condenada a quedarse donde nació. Y es mentira. Hace cincuenta años, China, India y Corea del Sur estaban en la pobreza extrema donde hoy está el África subsahariana, y mira ahora. Esos cambios son lentos, casi invisibles, pero acumulativos: algo que crece solo un 1 por ciento al año se duplica en setenta. Por eso no los vemos, y por eso los infravaloramos.

El dato que te tiene que hacer pensar como emprendedor: en 2100 el 80 por ciento de la humanidad vivirá en África y Asia, y los miles de millones que ya han salido de la pobreza extrema han creado el mayor mercado de clase media consumidora de la historia. Quien siga viendo esos países con ojos paternalistas y coloniales, como un bloque pobre y atrasado, se está perdiendo el mayor cambio económico de nuestra época. La gente del nivel 1 quiere lo mismo que tú, y va a ir a por ello. Deja de mirarlos por encima del hombro y empieza a mirarlos como lo que serán: tu mercado.

03 — Los tres que cierran el libro

Ni una sola causa, ni un solo culpable, ni tanta prisa

Los tres últimos instintos van juntos en mi cabeza. El de la perspectiva única: creer que todo tiene una sola causa y una sola solución. El libertario que dice que todo lo arregla el libre mercado, el comunista que dice que todo es culpa del capitalismo, el médico que cree que solo la medicina cura. El ejemplo que duele: durante años se acostó a los bebés boca abajo porque a los adultos con problemas respiratorios les iba bien así, y eso disparó la mortalidad infantil. La misma solución no sirve para todos los casos. Abraza la complejidad y escucha a quien piensa distinto, aunque no te convenza.

El de la culpa: buscar siempre a un único responsable, Trump, las empresas, los periodistas, los coyotes que cruzan refugiados. Pero los problemas grandes son multifactoriales: los refugiados se ahogan en pateras en parte porque la regulación europea les hace imposible viajar de otra forma. Los superhéroes no existen; los cambios los mueven sistemas e instituciones, no una persona. Y el de la urgencia, el más práctico para ti, mi subrayado: el impulso de decidir ya, antes de tener los datos. En Mozambique cerraron los puentes por una epidemia con prisa y se ahogaron mujeres y niños que cruzaban por el río; el problema real era otro. La urgencia es la palanca favorita del marketing (el «solo hasta el domingo») y también la trampa que te hace decidir en pánico. Como Pedro y el lobo: si abusas de la urgencia, pierdes la credibilidad. Y recuerda, esto cierra el libro: la primera mitad, con los otros cinco instintos, está en la parte 1.

Lo que vas a hacer hoy

No te pido que te lo creas todo. Te pido que uses estos sesgos a tu favor.

  • Rompe una generalización: coge un grupo que metes en el mismo saco (un país, un tipo de cliente) y baja al dato concreto. Igual ahí hay un mercado que no veías.
  • Mira gapminder.org: entra en Dollar Street y ordena por nivel de ingreso. Te recoloca la idea de quién es de verdad tu cliente potencial en el mundo.
  • Desconfía de la urgencia: ante el próximo «decide ya», respira y pregúntate qué datos te faltan. Y revisa dónde tú abusas de la urgencia y te juegas la credibilidad.

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Luis Ramos
Luis Ramos Mentor de profesionales y emprendedores

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