
Cómo pensar como Leonardo Da Vinci
Hay libros que lees una vez y te cambian la forma de pensar. Uno de los que más me han marcado es ¿Cómo pensar como Leonardo da Vinci?. No porque te enseñe a dibujar ni a ser un genio renacentista, sino porque tiene ejercicios concretos diseñados para expandir tu creatividad y cambiar la manera en que enfrentas los proyectos. Uno de esos ejercicios es el del ángel bueno.
El ángel bueno y el diablito
Cuando tienes una idea nueva —un nuevo negocio, un nuevo producto, una nueva forma de hacer algo— lo primero que surge es el pesimismo. El diablito que te susurra: esto no va a funcionar, nadie lo va a comprar, seguramente va a salir mal. Es automático. El ejercicio del libro propone darle prioridad al ángel bueno antes de escuchar al diablito. No para ignorar los riesgos —eso sería irresponsable— sino para asegurarte de que el optimismo tenga el primer turno: que el espacio posible quede definido antes de que empiece la crítica.
El proceso es de una simplicidad incómoda: elige el área de tu negocio que más te importa ahora mismo. Luego cierra el ojo crítico y pregúntate: ¿cómo sería esa área si todo funcionara perfectamente? ¿Cuál es el mejor escenario posible? Escríbelo. Que sea ambicioso. Ese es el ángel bueno hablando. Después, y solo después, dale turno al diablito: ¿qué puede fallar? ¿Qué obstáculos son reales? ¿Cuáles son los riesgos concretos? La clave está en el orden. Si empiezas por el pesimismo —como solemos hacer— el ángel bueno ya no tiene espacio; la crítica ha contaminado el terreno y el sueño se encoge antes de que pueda crecer. En cambio, si dejas que el optimismo defina primero las posibilidades, el análisis crítico posterior tiene un marco mucho más grande donde trabajar.
Qué tipo de escuchador eres
El ejercicio también funciona como diagnóstico. Si te cuesta soltar al ángel bueno y solo te sale el análisis crítico, necesitas practicar soñar. Si por el contrario eres de los que solo escucha al ángel bueno y nunca baja a revisar los riesgos, el antídoto es el realismo: bajar a tierra y analizar los riesgos de verdad. Necesitas a los dos; la pregunta es cuál habla primero. Tener la secuencia correcta es lo que hace que tus ideas sobrevivan al análisis en vez de morir antes de que alguien las evalúe de verdad.
Tu decisión de hoy: elige un proyecto parado o una idea que no estás desarrollando y dale cinco minutos al ángel bueno. Solo el optimista, primero. Escríbelo. Dale al play — en el episodio bajo la tarea a pasos concretos que puedes aplicar con cualquier proyecto que tengas encima de la mesa y que te ayudarán a construir tu mejor versión.
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