Portada del episodio No tengo nada nuevo que aportar
Tu Marca Personal

Duración 21 min

No tengo nada nuevo que aportar

Te sientas, decides que hoy sí publicas eso que llevas meses dándole vueltas. Abres el documento en blanco. Cinco claves para… ¿lo borras? Lo que nadie te cuenta sobre… tampoco. Y entonces llega la frase que lo apaga todo: ¿qué puedo aportar yo que no esté dicho ya? Cierras el portátil. Alivio. Y fastidio, porque en el fondo sabes que esto no va de inspiración.

01 — La coartada de la originalidad

La idea en tu cabeza vale cero

Tú crees que para publicar tienes que decir algo que nadie haya dicho jamás. Con esa vara de medir no vas a publicar nunca, porque casi nada de lo que tú vas a decir es completamente nuevo. A nadie le pagan por inventar una idea que el mundo no haya oído. A la gente le pagan por resolver problemas. Y los problemas de la gente son los mismos de hace 100 años: no me conocen, no sé cobrar lo que valgo, me da miedo exponerme.

Esa valla tan alta que te pones —tiene que ser inédito en la historia de la humanidad— no es exigencia. Es una coartada para no exponerte. Mientras la idea sigue en tu cabeza es perfecta: nadie te puede criticar, nadie te puede ignorar. El problema es que en tu cabeza no va a entrar nadie a pagarte. La idea en tu cabeza vale cero. Cero euros, cero impacto, cero marca. Solo empieza a valer cuando sale.

02 — La maldición del que sabe

Lo que dominas y te parece obvio es tu mejor contenido

Llevas tanto tiempo con esas ideas dentro de la cabeza que se han vuelto tu aire. No las ves. Y como no las ves, asumes que nadie las ve. Imagínate un fisio con 15 años de experiencia que dice cien veces a la semana, casi sin pensar: no te duele la espalda por cómo te sientas, te duele por el rato que llevas sin moverte. Para él es lo más obvio. Le parecería ridículo publicar sobre eso. Pero hay un señor ahora mismo, a las 4 de la tarde, con seis horas clavado en una silla y la espalda hecha un 4, que pagaría porque alguien con autoridad se lo dijera de una forma que por fin le entra en la cabeza. La distancia entre lo que a ti te parece obvio y lo que tu cliente sabe es exactamente donde está tu negocio.

El principiante no puede enseñar los cimientos porque todavía no los domina. El experto no quiere enseñarlos porque le parecen aburridos. El resultado: los cimientos, que es lo que todo el mundo necesita para construir bien, nadie se los explica bien. Y tú ahí mirando ese hueco del tamaño de un campo de fútbol diciéndote que es demasiado básico. La próxima vez que pienses «esto es demasiado obvio para decirlo», esa frase no es una señal de que no sirva. Es una señal de que has encontrado algo que sabes tan bien que ya ni te das cuenta de que la gente lo necesita.

Lo que vas a hacer hoy

Tu voz no aparece antes de publicar. Aparece publicando. Luis grabó 1.700 episodios antes de tener la fluidez que tiene ahora: los primeros eran flojitos y lo reconoce sin problema. La voz no es el requisito para empezar, es el resultado de haber empezado.

  • Escribe la cosa más obvia de tu campo: esa que dices en automático a tus clientes, la que te da hasta pereza mencionar porque «esto lo sabe todo el mundo». Apúntatela.
  • Publícala esta semana: con tus palabras, con tu ejemplo, con tu historia. Sin esperar a que sea perfecta ni original.
  • Añade tu metedura de pata: la gente no se engancha a tu éxito. Se engancha a tu tropiezo, porque le demuestra que ella también puede.

Pasa a la Acción.

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Luis Ramos
Luis Ramos Mentor de profesionales y emprendedores

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